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Desde Wadi Halfa, Sudan
Wadi Halfa, 6 de octubre 2011. Teníamos dos días esperando que llegara la gasolina y sin mucho que hacer aparte de salir a caminar y tomar fotos. En la tarde de ese día se acercó uno de los muchachos que habíamos conocido, con la noticia de que esa noche nos conseguiría 30 litros de gasolina, en el “mercado negro” pero con la diferencia que nos costaría casi cinco veces más de su valor normal, y sin pensarlo le dije que lo aceptaba, aunque fuera de esa manera tenía que encontrar una manera de seguir avanzando, aún a sabiendas que con 30 litros no me permitiría llegar a Aswan (270km), y por ello le dije que necesitaría al menos 40 litros más para ir cómodo, a lo que me contestó que debíamos esperar otro día para conseguirla. Así será, me dije. Quizás animado por el hecho de que me había ayudado, este amigo nos invita a tomar algo en la noche, que saliéramos a conocer la ciudad, que según él, había sitios muy buenos para pasarla bien, acepté y me dice que nos pasará buscando en unas horas.
Estamos, Ricardo y yo, sentados en la cera, esperando a que buscaran, y vemos que llega este amigo manejando un carro pequeño (con capacidad para 4personas) lleno con cinco hombres. Donde nos sentamos nosotros, le pregunto yo. Ah, no hay problema, me responde, y se pasa uno para adelante, ahora caben mientras me señala hacia atrás donde hay un espacio para un tipo que sea muy flaco. Total, para no hacer el desaire de no montarnos en un carro recontra-apretujados y con 45grados de temperatura, buscamos la manera de meternos y salimos a conocer la ciudad.
Luxor es una ciudad de esas, en las que te preguntas, por qué se llama ciudad si es tan pequeña, pero claro, como tiene tantos monumentos de la ancestral cultura egipcia, y muy cerca se encuentra el famoso Valle de los Reyes, pues tenía que estar en la categoría de ciudad.
Después de recorrer unas cuantas cuadras llegamos a este sitio y nos dicen que nos bajemos a tomar algo. Al bajarnos me doy cuenta que todos están recién bañados, y después me lo confirman al decirnos que estaban emocionados por el hecho que iban a compartir con nosotros e iban a saber cómo vivimos y como es Venezuela, y por ello felicitaban a su amigo por haber tenido la idea de invitarnos allí a tomar el té porque era el mejor lugar, aunque yo no le viera nada de especial al sitio. Cuando llega la persona que atiende, le preguntó que nos puede ofrecer, y me dice que tienen té, refrescos y malta sin alcohol (that´s it, me pregunté). Bueno, tomamos un par de té cada uno, mientras nos hacían preguntas sobre cómo vivimos, que qué otros países conocemos, etc, en eso Ricardo me pide que les pregunte que por qué no se ven casi mujeres en los locales donde se toma té o donde se puede comer, y nos dicen que la mujer, si es joven no debe salir sin estar acompañada por un familiar, aunque tenga novio. Que en Egipto hay Cristianos y Musulmanes (mayoría), pero que no se pueden mezclar, que hay escuelas para unos y para otros, que pueden ser amigos pero ello no es común, que un musulmán nunca pensaría en intentar conocer a una cristiana (ni viceversa). Con esta nueva información, de la cual no tenía idea que aún perdurara en estos tiempos, nos invitan a que nos fuéramos a cenar al lado del rio, por lo que imagino que nos vamos a algún restaurant y me animo.
Al rato de montarnos, de nuevo, todos apretujados en el carro, el conductor se para enfrente de un local donde venden pollos asados y otras cosas que no pude identificar desde donde estaba. Se baja y al rato regresa con bolsas plásticas que contienen un par de pollos y algo de carne (sin envase para llevar, todo mezclado y puesto dentro de las bolsas). No digo nada, y pienso, ni modo si eso es normal aquí. Pero lo que si no me esperaba era como íbamos a comer. El hombre se paró al lado de la acera peatonal que bordea el Nilo, abre la maleta del carro, saca una manta que a juzgar por como lucia, tenía meses que no tenía contacto ni con agua ni con jabón, y la coloca en el piso, acto seguido pone las bolsas encima, las rompe sin mayor cuidado y nos dice mientras sus cuatro amigos se sientan prestos alrededor, comamos. No pregunten si había cubiertos o algo con qué limpiarse los dedos, adivinen.
Después de esa nueva experiencia, regresamos al hotel, y este amigo me informa que su “contacto” le entregará la gasolina de contrabando a eso de las 11.30 pm, que por favor lo espere en la recepción a esa hora. En realidad llego casi a la 1:30 am, pero traía la gasolina. La pasé a la camioneta y le pagué una cantidad absurda comparado con el valor real, pero no tenia opción, al menos con esa cantidad podía rodar hasta los pueblos cercanos a ver si conseguía más en alguna gasolinera. Así pasó al día siguiente, rodamos hasta un pueblo cercano (con información obtenida con el Gerente del hotel) ya que se había corrido la noticia de que les había llegado gasolina esa mañana. Cuando llegamos vimos que la noticia había corrido como fuego en pólvora. Era un autentico caos. Todos gritaban y nosotros no entendíamos nada, solo avanzábamos cuando el carro de adelante lo hacía. Allí estuvimos toda la mañana, pero logramos llenar no solo el tanque si no los tres bidones, con la escusa de que nos íbamos para Sudan (y era obvio) no protestaron.
Que sensación de libertad volvimos a sentir cuando arrancamos de nuevo. ¡Podemos rodar y avanzar! Llegamos a Aswan. Esta si es una ciudad. Y además no tienen problemas con gasolina, hay toda la que quieras. Fuimos directos a la oficina del ferry y nos informaron que la balsa que traslada los vehículos está en el lado de Sudan y parece que está dañada, por lo que tenemos que buscar otra opción. Este barco navega por el Nilo y lo hace por la parte que esta anterior a la inmensa represa de Aswan, sube por el rio 380 km hasta llegar a Wadi Halfa (nombre un pequeño pueblo que está al lado y donde se hace aduana) que es el puerto del lado de Sudan.
Nos dimos a la tarea de encontrar una alternativa para pasar a Sudan por tierra y nos encontramos con dos parejas que también andan en 4x4. Ya había hecho esa tarea (de averiguar si hay otro paso) porque llevan varios días aquí, y nos informan que el paso fronterizo que hay por el Mar Rojo está cerrado al paso vehicular (claro de otra forma este ferry no tendría como sobrevivir). Conversamos entre los 6, acerca de lo que podríamos hacer en caso de que la balsa no llegara, por lo que decidimos ir de nuevo a la oficina de ferry para que ellos nos aportaran una solución. En esta oficina hay un señor que ya se ha vuelto famoso entre los Trota-Mundos que pasan por aquí, se llama Salah, es muy amable y habla buen inglés. Nos informa que, dependiendo del largo de cada vehículo, puede intentar colocarlos encima de un barco que transporta víveres (en una gran bodega interna), pero dado que les queda un espacio a un lado, podría ser que cupieran los tres encima. Igual tendríamos que pagar los 440$ por cada vehículo. Nos sugiere que volvamos al día siguiente para tener más noticias. Que llegue mañana rápido.
El día siguiente fue de carreras. Todo fue rápido. Llegamos a las 9:00 am y nos informan que debemos ir rápido a la Policía de Transito a buscar el certificado de que no estamos reportados en ningún accidente. Acto seguido, que regresáramos con dicho certificado, pagáramos nuestros tickets del ferry más el costo del traslado de la Montero y nos fuéramos al puerto (a 20km) a dejarla porque había chance de colocarla, y esto es así, el que llega primero se monta. Tantos días con tanta parsimonia y ahora este corre-corre. Ni modo, o te activas o te quedas.
En la tarde ya estábamos en el puerto, después de haber correteado, rogado para nos agilizaran el dichoso certificado y volver para pagar los gastos de traslado. De no haber montado mi camioneta, años atrás, sobre unas curiaras unidas por tablones para cruzar el rio Acre en la frontera entre Brasil y Perú, hoy me habría parecido inaudito que pudiéramos montar la Montero sobre un pequeño espacio en un barco que transporte víveres. Cupo justo en el largo, no sobro espacio. Les pregunto si la amarran con algo, y responden, póngale el freno de mano. No pregunte más si quiere que la lleven.
Una vez que montamos los tres vehículos, encienden los motores y el barco da señales de que va a zarpar pero en vez de eso, apagan los motores y se queda a unos metros de la orilla. Por seguridad, pienso yo. Les pregunto que cuando zarpa el barco y me dicen que seguramente en la noche. Que cuánto tarda en llegar a Sudan, y allí no me saben responder, unos dicen que tarda dos días otros me dicen que tarda 4, pero el que sabe es el capitán, y no está, que llega en la noche. Total es que la dejamos allí sin saber cuándo se va ni cuando la volveremos a ver.
Al día siguiente nos toca a nosotros montarnos en el ferry y vivir otra odisea. Nos mandaron a estar temprano en el puerto, por lo que nos ponemos de acuerdo con los otros viajeros que también montaron sus vehículos conjuntamente con la nuestra (apretujados y vean las fotos para comprobar que no exagero), para compartir un taxi hacia el puerto. Cuando llegamos al sector de aduana y vimos la inmensa cantidad de gente, con bultos, cajas y cualquier cosa que les pueda servir para transportar (lo que sea), el griterío en árabe ya que aparentemente todos hablan gritándose aquí, me dije, esto no va ser fácil. Y no lo fue. Tardamos casi hora y media en sellar el pasaporte de salida del país y llegar a la entrada del barco. Cuál es nuestra sorpresa cuando vemos que el barco donde están nuestras camionetas, sigue allí. ¿Cómo es que no se ha ido?, me pregunto. Traté de que me contestaran, pero nadie sabe nada, y ya tenemos que entrar en el ferry. Que sea lo que Dios quiera, me digo.
He estado en sitios muy llenos de gente y en circunstancias caóticas (una vez en un terminal de autobuses en Mombasa, Kenia, que no era apto ni para cardiacos ni para sensibles al contacto o al mal olor), pero nada de ello me preparó para lo que nos deparaba en este ferry.
A juzgar por la forma en que las personas se empujaban unos a otros para intentar entrar de “primero” en el barco, me dije que esto va lleno y todos buscan reservarse el mejor puesto. Lo que me falto por imaginar era cual sería ese “mejor” puesto. Entre empujones y mucho compartir olores y sudores con quienes están recontra pegados a ti, logramos entrar por la estrecha puerta de embarque y pasamos a la sección “Vip” que tiene aire acondicionado que es bienvenida dados los 40 y tantos grados que hacen afuera, pero apenas “aguantamos” unos minutos allí, ya que los olores eran más fuertes que el placer que nos brindaba el aire acondicionado, y optamos por salir a cubierta, con mucho calor, piso tan caliente al sol, que puedes freír un huevo en él, pero sin olores. Todavía.
La “alegría” de estar así nos duró unas 4horas (nos montamos a las 10:00 am y el ferry zarpo a las 6:00 pm). No sé cuál es el parámetro que tiene el Capitán o los directores de la compañía, pero en este ferry parece que impera la letra de esa canción que decía: Entren que caben 100. A eso de las 4:00 pm no había espacio para nadie más en la cubierta del ferry (abajo ni se quieran imaginar) y sin embargo, seguía entrando gente con bolsos, maletas, cajas, y las amontonaban unas sobre otras sin amarrarlas ni nada. Para ese momento, era inevitable que me vinieran a la mente, esas noticias de desastres donde anuncian que un ferry se hundió en África o India por exceso de pasajeros y carga y que 600 o 800 desaparecieron, pues aquí había como 2000. De nuevo, mi frase tipo Mantra: ¡Que sea lo que Dios quiera!
De nada nos valió, el subir a cubierta, porque allá arriba no va nadie y no habrá olores. Solo digo que, fue una noche y un día muy largos.
Estamos en Wadi Halfa, en Sudan. Llegamos y un señor que es una especie de guía para los turistas, nos ofrece sus servicios para hacer los trámites de aduana (todo está en árabe) tanto de nosotros como de los vehículos, cuando lleguen. Llevamos un día aquí y no hay señales de que llegue el barco con las camionetas. Según, que puede llegar en dos días o en cuatro. |
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