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Desde la frontera con Etiophia

Etiophia, 13 de octubre 2011. La vida pasa muy lentamente en Wadi Halfa, o al menos así nos pareció a nosotros. Es un pequeño pueblo que vive de dos cosas, del ferry entre Egipto y Sudan (que viene 1 vez a la semana) y de los Garimperos (buscadores de Oro que están a unos 300km al Sur) que se vienen a aprovisionar acá ya que, es lo más cerca que tienen. De resto, no hay nada que hacer, más que tomar té a cada rato o juntarse en la noche, después que el Sol se oculta, a ver televisión en uno de los locales (que venden te) que han puesto televisores y sillas enfrente. Es una costumbre para ellos. Se juntan en grupos a ver los programas, toman té, fuman argüirle y conversan. Todas las noches lo mismo. Y es que, después que se oculta el sol es que provoca hacer algo distinto que no sea buscar una sombra en un sitio donde pegue algo de brisa. La temperatura en promedio no baja de los 45grados durante el día y en la noche baja a unos 38 o 36 grados. Apenas llegamos al pueblo nos llevaron a uno de los tres sitios que hay para quedarse, obviamente de turístico no tiene nada, porque por aquí solo pasan los Overlanders o Expedicionarios, en ruta hacia el Norte o al Sur, aparte de los egipcios y sudaneses. A los sudaneses en particular les causaba buena impresión al vernos y al saludarnos repetían, bienvenidos, bienvenidos. Comentaban a menudo que son muy pocos los que pasan por aquí, dadas las noticias acerca de los conflictos en Sudan, y ahora en Egipto.


En la primera noche que pasamos acá, estando los seis en nuestro “cuarto comunal” (dos camas en cada división pero todos en la misma habitación) con apenas un ventilador en el techo, comentábamos que iba a ser muy difícil dormir ya que todos transpirábamos bastante. En eso, uno de nosotros salió y nos dijo que saliéramos para ver algo genial. Al salir, veo que los lugareños también acusan el calor y han sacado las camas a la calle para dormir en ellas. Genial, hagamos lo mismo. Esa fue la primera de muchas noches que dormimos bajo un cielo, recontra estrellado. El detalle es que, aún cuando dormíamos en la calle, igual teníamos que pagar la habitación en el “hotel” Kilopatria (le cambio el nombre a la emperatriz) para poder “disfrutar” de la ducha comunal. Sólo había dos para cada género, y cabe decir que la letrina y la ducha comparten un ambiente de 1.50x2 metros. Cada vez que me iba a bañar, rogaba para que no me tuviera que encontrar con los desechos de alguien, en la letrina.
Y así pasaron seis largos días, esperando que llegara el carguero con la Montero. Cada noche,  todos nosotros, tal  como si fuera  un ritual donde casi rezábamos para que fuera el día siguiente, el día en que llegara nuestros vehículos y por ende, el ultimo día en el pueblo. Siempre  íbamos a cenar al único lugar donde cocinaban comida que nos era agradable al paladar, y que de hecho se convirtió en la parte favorita de cada día. En una de esas cenas, donde charlábamos acerca de todo y de todos, después de contarles acerca de las expediciones y la odisea en Egipto con lo de las visas (a ellos les pasó igual pero como no tienen tiempo definido para estar en cualquier país, no les importó), una de las mujeres me dijo una frase que se me quedó grabada y la comparto;                                             “Un Mar calmo y manso no hace Buenos Marineros, son las Tormentas las que enseñan”
Finalmente llego el barco, y el capitan (obviamente) no dio explicaciones del porqué del retraso, se limitó a recostar el costado del barco para que pudiéramos desembarcar. En el momento en que encendí la Montero, le dije a Ricardo: You know what? It´s Show Time! Con Dios por compañía, ahora no nos para nadie hasta Cape Town. Teníamos 60 días para hacer el recorrido, ahora solo tenemos 30.
Me propuse a manejar, al menos, unas 15 horas todos los días hasta llegar a Cape Town, para compensar el tiempo que dedicaremos a la producción del video y fotografías en los diferentes sitios de interés por los que pasaremos, con lo que debo, dormir menos de las acostumbradas 8 horas.
Para recorrer Sudan, había escogido hacer la ruta que baja bordeando el Nilo y después atravesar el Desierto de Nubia hasta casi llegar a Kartoum. Supuestamente debería haberme encontrado con dunas, pero seguramente me desvié en algún punto porque rodamos mucho sobre arena y ripio pero no en Dunas. Hicimos campamentos en unos lugares dignos de alguna escenografía, con unos atardeceres mágicos y noches con el cielo siempre lleno de estrellas o con una Luna espectacular (soy un eterno enamorado de ella). Después cocinaba algo o habría una lata, y para la cama a dormir.
Estábamos entrando al Desierto de Nubia cuando vimos en el horizonte, mucho humo y casas que parecían que se quemaban. Daba pié para pensar lo peor, pero no sentí esa “voz interior” que te alerta acerca del peligro inminente y seguí. Al acercarnos veo y a la vez no entiendo lo que veo. Solo cuando vean las fotos lo podrán entender. Era como si a un pueblo lo acabaran de bombardear, había mucho humo, casas que más se parecían a ranchos hechos con lo que tuvieran a mano, muchos huecos que parecían mini-piscinas y gente, muchísima gente, sólo hombres, cubiertos de un polvo blanco, todos parecían labriegos, bajo ese sol inclemente estaban trabajando en algo pero aún no entendía en que, hasta que de repente me vino a la mente, estaba en las minas de Oro, estos son los garimpeiros. Dios, qué manera tan dura de ganarse la vida.           
Están lejos de todo, el próximo pueblo está a 300 km, trabajan de sol a sol en condiciones en las que sólo algunos aguantan, durante periodos de seis meses a un año, algunos que tiene suerte y encuentran algo provechoso, entonces se retiran por tiempo hasta que se gastan la plata y terminan volviendo por más. Y a juzgar por la falta de estructura habitacional, locales con venta de insumos o comida, o algún letrero de una compañía grande que esté instalada aquí para tener una mayor producción, deduzco que aquí la Fiebre del Oro, recién empezó.
Aquí mientras avanzábamos por el Desierto de Nubia, recordé que hace unos 3 años cayó un asteroide, y fue el primero en el cual los astrónomos pudieron descubrirlo a tiempo en el espacio y vaticinar que chocaría contra la tierra (pero en ese momento no sabían dónde), así que le siguieron la pista hasta que chocó en este desierto, y meses después se pudo organizar (no sólo con nosotros se tardaron los del gobierno) una búsqueda para tratar de encontrar una roca de no más de 10 o 20 kg en esta inmensidad. Ya los astrónomos sabían de antemano que durante el ingreso a la atmósfera terrestre se consumiría gran parte de la roca, pero no sabían cuanto de ella quedaría, pero el rastro fue seguido por varios satélites en tiempo real y por ello pudieron determinar que había caído en el Desierto de Nubia al norte de Sudan en una zona de nos 40 km, en algún punto.
En uno de esos puntos en pleno, medio del desierto (sin redundar) nos encontramos con unas pirámides construidas por los Nubios, si bien son mucho más recientes que las de los Egipcios, son de “apenas” 300AC, son más pequeñas y si ductos internos como las de Giza. Una de ellas esta desmoronada y se puede ver que por dentro solo tiene ladrillos. Verlas y preguntarse su utilidad o propósito, es como para sentarse allí a pensar, sin nunca encontrar algo que te “tranquile” la mente.
Hay varios puntos técnicos que quiero mencionar. El primero va hacia la Montero, a pesar de los 48grados de temperatura (y los 120grados del motor) no da que hacer, avanza por el desierto o por los caminos de ripio como si ello fuera su medio natural, y de paso gasta poco combustible teniendo en cuenta que la carpa ofrece mucha resistencia al viento y por ello incrementa el consumo (hacemos hasta 7km con 1  litro.) que para nosotros más allá del ahorro económico, significa una bendición dado que hemos tenido tramos de hasta 300 km sin encontrar donde echar gasolina. Lleva ya 4 expediciones y se mantiene como en el primer día. ¡Un vehículo asombroso!
Llegamos y cruzamos Kartoum en dirección a la frontera con Etiophia, desde donde les envío esta Bitácora. Si Dios Quiere, les escribiré desde mucho más al Sur,.
Quien les escribe y Ricardo Pérez, les agradecemos el apoyo que nos brindan.