Mitsubishi Motors  
InicioLa EmpresaProductosPost-VentaConcesionariosContacto
 
Inicio de la Expedición Transáfrica 2011

Expedición Transáfrica 2011: Desde El Cairo

Hola a todos,
No importa cuantos años podamos tener haciendo expediciones por el mundo (en nuestro caso ya vamos por 13 años), no importa el tiempo que le dediquemos a investigar toda la logística precisa para cruzar la rutas, a la permisologia necesaria en los diferentes países y al tiempo que nos podrá tomar en realizar el recorrido total.
Para el momento en que se acerca la fecha del inicio de la expedición siempre nacerá un sentimiento de inquietud que no desaparecerá hasta que termines la expedición y vuelvas a casa. Y ese sentimiento de inquietud no será siempre el mismo, tendrá sus altos y bajos. Los altos surgirán cuando nos toque requerir de una visa para entrar a otro país, cuando vayamos a pasar una frontera o cuando la ruta prevista está bloqueada por algo de origen humano o natural y debas contemplar otra nueva (si la hubiese) y vuelves en ese caso al punto cero. Avanzando por un terreno sin saber si llegarás a donde querías, o no. Los bajos los “disfrutaras” porque disminuye un poco la inquietud. En mi caso, nunca me relajo por completo, disfruto pero sin dejar de mantener mi espíritu alerta.
Después, cuando estoy de regreso en casa, me digo, “hubiera disfrutado mas de esto o de aquello, porque al fin y al cabo no pasó nada como decían quienes habían pasado por allí antes”. Termino sin saber si pasé la “prueba” porque estuve alerta e hice mi tarea en casa o simplemente porque iba a ser así de cualquier manera. Soy aventurero y expedicionario pero no tan loco, por ello, prefiero seguir haciendo las cosas como las he venido haciendo.
Nuestra inquietud inició con el embarque de la Mitsubishi Montero, como ha venido sido consecuente en los últimos años dado el intenso operativo del Destacamento Anti-Drogas que obliga a casi desarmar la camioneta antes de otorgar su autorización, y aunado a ello, nos enteramos que el buque en el cual embarcaría la Montero anunció el primero de sus retrasos. Digo que fue el primero porque después hubo tres más y el contenedor terminó saliendo con 15 días de retraso, por lo que hubo que cambiar fechas en los pasajes que ya estaban comprados, pagar multas y cambios de tarifa entre otras cosas.
Con nueva fecha de arribo del contenedor a Alexandria, coordino los días “estimados” que nos tomará conseguir las visas de Sudan y de Etiopia en sus embajadas en El Cairo, investigo y calculo las ubicaciones de esas embajadas, y reservé en un hostal que estuviera más o menos cerca ya que manejarse en una ciudad de casi 25 millones de habitantes no es fácil y encima donde se habla Árabe. Imprimo mapas con las direcciones escritas en Inglés y en Árabe para mostrárselas a los taxistas (es difícil decir direcciones con pura mímica).
Calculé con tolerancia que nos tomaría 8 días en conseguir las dos visas. De inicio la de Sudan, ya que Etiopia no te la otorga si no tienes la Sudan primero. Al llegar a la embajada de Sudan, trato de avanzar por entre el gentío que había, buscando un cartel que dijera Passport, lo encuentro, pero entre el cartel y yo habían como veinte personas, todos hablan con altos decibeles, cosa que parece ser normal, trajeados con atuendos largos, esperan muy pacientemente por su turno para hablarle al funcionario que atiende. A la hora de estar allí parado apenas había avanzado tres puestos, entonces me digo que esto será el primer “ajuste” a “mi velocidad citadina” y trato de adaptarme y pensar que al llegar a la ventanilla me dirán que todo está en orden y pase a buscar la visa en 2 o 3 días.
Tres horas después, me toca el turno para hablar con un funcionario que no se expresa muy bien en idioma anglosajón, pero le es suficiente para hacerme entender que el proceso ha cambiado y que ahora puedo llenar la solicitud de visa, que tardará entre 8 y 10 días en llegar, ya que la enviarán a Kartoum para evaluación. No es necesario describir que sentí el “tobo de agua helada que me echaron encima”, de un momento a otro todo el cronograma de la expedición, cambió. ¿Ahora qué?, te preguntas sabiendo que la respuesta que te pueda llegar no te hará sentir mejor. Le digo a Ricardo las noticias y recibo su lógica reacción: ¿y ahora qué hacemos?
Mi mente se debatía entre tomarlo con la sabiduría aprendida en tantos años haciendo esto u optar por salir a escudriñar en esta ciudad de religión predominantemente musulmana, donde vendan algún líquido con contenido etílico para “ayudar” a “digerir” el nuevo panorama. Al final opte por adoptar ambas soluciones.
Al día siguiente nos fuimos al desierto, donde están las pirámides, en la meseta de Giza. Anduvimos todo el día en camello, por los alrededores de las pirámides, en la tarde nos adentramos más en el desierto para ver el atardecer y las pirámides desde lejos. Allí acampamos, ellos hicieron Té Egipcio (muy oscuro y muy rico), disfrutamos mucho parloteando aún con su escaso vocabulario de Inglés mientras contemplábamos el fuego de la pequeña hoguera, y así estuvimos hasta bien tarde en la noche, tan tarde que casi acampamos. Ganas no me sobraban, pero los guías y dueños de los camellos no lo tenían contemplado y de manera muy amable nos dijeron que no podíamos.
Llegamos tarde al hostal, ya las calles de esta inmensa urbe estaban casi desiertas, apenas llego me conecto a internet para revisar los correos y me deparo con uno de la compañía de contenedores, donde me comunicaban que el buque tenía un nuevo retraso, ahora llegaría 14 días después de la fecha prevista, con lo cual llegaría el próximo 19 de septiembre. No es el tipo de correo que hubiera querido leer después de haber pasado un día tan espectacular en el desierto. Cerré la laptop y sin pensar mucho en lo que acaba de leer, me metí en la cama y, a dormir, mañana es otro día, ya veremos que hacemos, mi Fe en Dios nos ayudará.
Al día siguiente, apenas me despierto le digo a Ricardo que ya me voy acostumbrando a los tapones de oídos que compré expresamente en uno de los aeropuertos, son algo incómodos, pero eficaces, con ellos puestos logro dormir toda la noche, de verdad bajan bastante los sonidos ambientales incluso si son tan fuertes como los ronquidos de mi amigo que seguramente, con lo delgadas que son las paredes de este hostal, son escuchados en el cuarto de al lado.
Después de haber dormido y descansado bien, ves las cosas con otro “color”, por ello decido que ir de nuevo al desierto y pasear allá todo el día, meditar, tomar muchas fotos y videos. Ya que tenemos que esperar tantos días aquí, ¡hagamos que sean de provecho!
Tomamos un taxi, y le pedí que nos llevara a Aaroom Giza (las pirámides de Giza, en árabe). El hombre se rió y me dio la mano, no sé si porque lo habré dicho muy mal o porque reconoció que hice el intento. Resulta que al igual que muchos taxistas aquí, se sabía muchas frases en Inglés. Pero las dicen de una manera que a uno le queda la sospecha de que en verdad saben lo que dicen o solo las repiten. Este en particular en varias veces que le pregunté algo, me daba una gran sonrisa y decía: yes, yes, very good…
Cuando estábamos pasando por uno de los puentes que cruzan el Nilo, entendí que el taxista me decía que si quería pararme a tomar fotos de la vista y le dije que sí. Normalmente no es permitido que te pares en un puente, pero aquí las leyes de tráfico son muy “permisivas”. Tanto Ricardo como yo, cargamos las cámaras de fotografiar y de video en nuestros morrales. Yo saqué la Nikon y dejé el morral dentro del carro, con las demás cosas que cargaba dentro (pasaporte, cartera, otras cámaras, etc.), total solo me voy a bajar a tomar un par de fotos y estaré a dos metros del carro. Ricardo hace lo mismo y deja su morral sobre el asiento trasero.
Los tres salimos del carro y nos pusimos de espaldas al carro por unos 5 minutos a lo sumo, mientras tomábamos fotos y video. Regresamos al carro, y cuál es nuestra sorpresa cuando nos damos cuenta que el morral de Ricardo, que tenía los micrófonos inalámbricos, baterías de la cámara de video, audífonos y otras cosas, había desaparecido sin que hayamos visto ni oído nada.       Nos miramos y no entendíamos nada. Como habían podido robar el morral allí en medio del puente, si no habíamos visto nadie caminando ni escuchamos nada. El taxista con cara de “no entiendo nada” hablaba en árabe, seguramente a juzgar por las señas y el lenguaje corporal, nos preguntaba que qué buscábamos tanto (seguramente no vio que Ricardo cargaba un morral cuando se montó porque lo hizo en la parte trasera del carro), total es que estuvimos otros minutos allí sin saber qué hacer, solo que estábamos conscientes que habíamos sido víctimas del “ladrón invisible”, y también estamos seguros de que no fue el taxista porque estaba a nuestro lado.
Después de esta, me dije, mejor nos quedamos en el desierto hasta que llegue la Mitsubishi.                                                                                                                             Repetimos la “terapia del otro día” y estuvo genial. Fuimos en camello hasta lejos, estuvimos mucho tiempo sentados, en silencio, solo se escuchaba el viento y teníamos a las pirámides a lo lejos, como motivo para meditar, comparados nuestros problemas con lo que hizo la civilización egipcia con tan pocos recursos disponibles en esa época, nos hacen sentir malagradecidos, porque en realidad se robaron el morral que tenía las cosas menos importantes, si hubieran robado el mío que estaba a un metro de distancia estaríamos aquí llorando en vez de meditar.
He estado antes caminando aquí, al lado de las pirámides, en el 2006 cuando la Expedición Sahara, pero ahora como tengo mucho tiempo libre, me pongo a detallar y constatar “in situ” lo que he leído acerca de las pirámides y de la Esfinge.
La pirámide más alta es la de Kefren, la que está en el medio de las tres, originalmente tenía 146 metros de altura y según cuenta la historia utilizaron a 100 mil hombres durante 20 años seguidos para construirla, (habría que ver eso hoy en día, tanta gente trabajando durante veinte años y eso sólo para una pirámide, y son tres) sin dejar de mencionar que los bloques de piedra de 2.5 y algunos de hasta 15 toneladas fueron traídos desde las canteras de Luxor, a más de 900km de distancia, para después ser pulidos (son muy similares a los que hemos visto en las ruinas Incas) y ser subidos hasta esa altura. Sólo de imaginarlo ya es complicado.
No existía para ese entonces la brújula, pero las tres están perfectamente alineadas con los cuatro puntos cardinales. En su construcción se utilizó una medida que se llama Brazada Egipcia que equivale a 1.05metros (un Metro estelar), y asombra que sólo a finales del Siglo XIX se vino a comprobar la veracidad de esa medida, o que el perímetro de su base dividido por el doble de su altura dan 3.1416 que es el valor de Pi, es decir, conocían el valor del número Pi siglos antes que sus “supuestos” descubridores. Aparte de que tenemos el concepto de que fueron las tumbas de los faraones, pero ninguno fue enterrado en ninguna de ellas.
No menos insólita es la Esfinge, que su nombre proviene del griego y significa “Enigma”. Y es que es todo un enigma el por qué existe y quién la construyó. Existe una piedra en el museo de El Cairo que tiene por nombre Estela del Inventario, en ella está escrito que la Esfinge, ya existía para cuando construyeron la pirámide, y que tal como escribe la leyenda en la piedra, la Esfinge le hablo al príncipe Keops en un sueño y le dijo que si la desenterraba (le sacaba la arena que la cubría hasta la cabeza) lo haría Faraon, lo hizo y años después fue coronado.
Cuando Napoleón llego a conquistar Egipto en 1798 la encontró llena de arena hasta el cuello y tardaron tres años en destaparla para comenzar a estudiarla. Años después, cuando vino otra expedición pero esta arqueológica a estudiarla la volvieron a encontrar tapada hasta la cabeza. Si estaba tapada con arena,  por qué las paredes del “hueco” donde está ubicada aún hoy día, muestran huellas de erosión por agua de lluvia, si el desierto en esta parte. En fin, tal como ha pasado en los otros sitios arqueológicos en los que hemos estado, vuelve a ocurrir que vamos con interrogantes y volvemos con más.
Para finalizar esta Bitácora con algo más “normal” les comentamos nuestra experiencia al recorrer el bazar más famoso de la ciudad, el Bazar Jalili. Está plagado de callejuelas estrechas llenas de ventas de artesanía, objetos antiguos e incluso “supuestas” genuinas muestras arqueológicas, y un autentico peluche con figura de Camello con una etiqueta de “Made in China”. Y como te pares a preguntar un precio o que agarres una cosa para verla bien, no te quitas al vendedor de encima durante una cuadra que te persigue con el artículo en la mano y preguntándote en 4 idiomas (a ver si la pega con alguno) que cuánto le quieres pagar por el artículo.

Hasta la próxima….

Quien les escribe y Ricardo Pérez, les agradecemos el apoyo que nos brindan.